Recuerdo
el pasado 11 de marzo de 2004 como el día en que mi corazón se fracturó en
pedazos. La mezcla de dolor intenso sumado a mi enorme cariño hacia la ciudad
de Madrid, crearon en mí una disyuntiva tremenda. En medio de ese caos de
emociones confusas y adversas escribí un mail que puse en circulación por toda
la red, con la esperanza de que volviera a mi algún día.
Hoy he
recordado aquel momento porque en este post trato de defender la idea que ya
apoyé entonces: no podrán callar mi voz…
La
Constitución Española, en su artículo 20 reconoce y protege el derecho A expresar y difundir libremente los
pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier
otro medio de reproducción.
Sin
embargo, me sigo preguntando si, realmente, ésta es una sociedad demócrata, en
la que nos movemos como seres libres, con derecho a apoyar nuestras creencias.
En el año
2004 pensé que el terrorismo podía acabar con la vida, pero que la palabra
jamás podría ser silenciada.
Años de
recorrido han probado que hay personas dispuestas a seguir alzando su voz.
Porque hablar es la fortaleza que puede mantener viva los ideales.
Ahora
bien, ¿realmente el estado de derecho es una garantía que apoya a mi expresión?
El 29 de
noviembre de 2013, un miembro de las NNGG de Madrid escribió el siguiente
tweet: “La valla de Ceuta y Melilla debería de estar electrificada y si no con
todos los medios posibles para que NADIE la atraviese”.
Esta
aparente simpleza fue un buen motivo de colapso de las redes y, seguidamente,
de ciertos medios de comunicación.
Desglosando
el comentario, me parece oportuno señalar que NO leo por ninguna parte que esa observación
haga alusiones xenófobas. Es decir, no me parece, en absoluto, que la sentencia
esté diciendo que los inmigrantes ilegales deberían ser electrocutados. Tampoco
me parece que el hecho de poner una valla electrificada sea sólo para un lado
de la frontera, dando lugar en nuestras mentes retorcidas a la idea de que te
electrocutas si vienes, pero no si vas.
Por
supuesto, como era de prever, las reacciones no tardaron en llegar:
Público.es:
“Un miembro de NNGG pide que la valla de Melilla esté electrificada”
Huffpost.com:
“L.M.S., de NNGG, propone electrificar la valla de Melilla”
ElPlural.com:
“A un cachorro popular no le basta con las cuchillas y propone electrificar las
vallas de Ceuta y Melilla”
Ecodiario.eleconomista.es:
“Un miembro de NNGG del PP y amigo de Carromero pide electrifiquen la valla de
Melilla”
ElPaís.com:
“Un cachorro del PP pide electrificar las vallas de Ceuta y Melilla”
Desde mi
humilde opinión e intentando un análisis frío y objetivo tanto de los
comentarios como de las noticias, me vienen tres cosas a la cabeza.
La
primera es que, me estoy preguntando si no sería mejor quitar, directamente,
las vallas fronterizas para no provocar ningún tipo de daño contra la salud e
integridad de nadie y, de ahora en adelante, utilizar como técnica disuasoria
el razonamiento.
Es más,
el diario El Mundo publicó el pasado 18 de junio de 2013 el siguiente titular:
“La frontera de Melilla, con valla eléctrica y frenos a prueba de coches
kamikaze”, haciendo alusión a las nuevas medidas tomadas por el Ministerio del
Interior para mejorar la seguridad en la frontera con Melilla.
La medida
de electrificar una valla es cuestión de seguridad nacional. Electrificar una
valla no es electrocutar seres humanos. Además, habría que analizar el tema del
voltaje porque, al parecer, se habla de baja tensión apoyando la disuasión
frente al asesinato.
En segundo
lugar, y viendo el cáliz que van tomando los titulares de prensa, la jugada me
suena más a una herramienta política que lo que un niño de las NNGG pueda
realmente decir… ¿Qué es más importante? ¿Sus palabras o que sea un miembro del
PP? ¿Sus palabras o que sea amigo de Carromero?
¿Soy la
única persona cansada de que la supuesta libertad de expresión se manipule al
antojo periodístico como un arma política arrojadiza?
Y para
terminar, lo que considero más crucial de todo, ¿alguien conoce las consecuencias
de haber magnificado semejante comentario? ¿Dónde están en las redes, prensa y
noticieros las amenazas recibidas por el miembro de las NNGG?
@JAVI1913:
“puto nazi de mierda, habría que electrificarte los huevos cabronazo”
@Lisergia;
“si te cojo yo cerca de la valla, también ibas a acabar llorando en un arbusto,
hijo de puta”
@DeSchammte:
“PROPONGO: Le conectamos en la frontera a dos cables de electricidad. El que le
agreda se quedará pegado, SEGURIDAD REFORZADA”
Y así un
sinfín de notas violentas que han llevado al partido a recomendar a su miembro
que no salga de su casa.
¿Debe
esconderse? Un ciudadano español que ha realizado un comentario libre y abierto
acerca de su postura en materia de seguridad nacional es coartado en su
libertad de expresión y en su derecho más importante, el derecho a la vida,
porque las razones políticas pesan más que la objetividad de los hechos.
Obviamente
ningún diario ni cadena de televisión se ha puesto en contacto con este chico
para pedirle que explicara qué quería decir con su ya famoso tweet.
En sus
palabras yo no leo odio, ni insultos, ni rechazos. Pero eso poco importa cuando
en este país nos encanta el candelero; nos apasiona poder decir que si alguien
es de derechas es facha, nazi, asesino.
Y la
verdad del asunto es que ya poco importan las creencias e ilusiones porque no
podemos pensar en alto, porque la libertad de expresión es un simple papel
mojado en una bella carta magna en la que ya muy pocos creen.
¿Encerrado
en casa por ser estudiante de Derecho de la UCM? ¿Encerrado en casa por ser
miembro de las NNGG? ¿Encerrado en casa por ser amigo de Carromero? ¿O
encerrado en casa porque ahí fuera están todos los cobardes que pueden servirse
de insultos, amenazas y agresiones por su incapacidad para ayudar a construir
una auténtica sociedad civilizada?
Y los que
se llaman liberadores de los derechos humanos son los mismos que pueden amenazar
con palizas. ¿Sólo los inmigrantes tienen derechos? Pero no hay derechos para
las personas que viven a este lado de la valla. Una valla que ya no importa de
qué material esté hecha porque lo peor de todo no es la frontera entre un país
y otro, es la línea que cruza la mente estrecha de quienes no están dispuestos
a aceptar a los que no compartan sus ideas.
Es más
fácil increpar que dejar hablar. Es más fácil dejarse llevar por lo que los
medios nos quieren mostrar que razonar por nosotros mismos.
Pero a mí
no. Hoy, como en aquel 11 de marzo de 2004, lo vuelvo a decir alto: NO PODRÁN
CALLAR MI VOZ.
B.R.
Madrid, 2 de diciembre de 2013
