Si un ladrón entra por el tejado de un edificio y desbalija
el ático, no quiere decir que un ciudadano que pasea simultáneamente por la
planta baja vaya a robar en el primero.
Ni siquiera estaría justificado que la policía, a modo de
prevención, detuviese al ciudadano con la “excusa” de: como no podemos saber
cuáles de todos los hombres que pasean pretenden robar el edificio, lo mejor es
no permitir pasear a ninguno.
Por desgracia, debido al interés que se ha tomado unos
cuantos en este país de apropiarse de los bienes ajenos, la palabra FORMACIÓN
se ha desvirtuado hasta grados extremos.
Creo que tiene que ver con que algunos sindicatos en algunas
zonas se pegasen grandes fiestas, no exentas de lujos y ostentosidades, a cargo
de la formación. Creo que también tiene que ver con que ciertos políticos abriesen
cuentas en Suiza y las fuesen llenando con fondos malversados…
Yo soy Pedagoga con todas las letras. Me licencié en
Pedagogía, Hice un Máster de Estudios Avanzados de Pedagogía, Proseguí con mis
estudios de doctorado y me consagré laboralmente a la misma profesión. Y desde
que comencé mi andadura por el mundo de la formación y hasta nuestros días, no
sólo la he amado, sino que he creído en ella. Creo firmemente en el valor de
educar y en la importancia que tiene para adquirir ventajas competitivas.
Tanto, que he formado en todos aquellos aspectos en los que me ha sido posible.
He trabajado con niños y también con adultos. Formo a responsables de otras
formaciones, formo en empresas y también en la universidad. Y siempre me halaga
ver la cara de incipiente admiración y deseo de saber. Las caritas de los
jóvenes universitarios que, como yo, creen en la Pedagogía.
Dirijo mi propia empresa de formación. Desde el comienzo de
la crisis los sufrimientos han sido inmensos; pero esto a nadie le importa, porque
como todos estamos igual, cada ser con su historia individual se diluye completamente.
Tanto, que a la administración no lo preocupa; tanto que los dirigentes suelen
pensar que no es para tanto.
Yo invertí todos mis ahorros en un proyecto de formación. Un
proyecto que a mi puede parecerme precioso, pero de cara a la sociedad, lo más
importante, es que se trataba de un servicio. Un servicio disponible para
cualquier empresa y, además, un proyecto sólido, viable y rentable que
comenzaba proporcionando puestos de trabajo.
Pero la administración no ayuda, pone trabas. Y los políticos
no legislan para ayudar, lo hacen para controlar.
Los impuestos no pararon de subir y comenzaron a ahogarme.
Los precios caían y debía mantenerme en el mercado. Las licencias y permisos se
demoraban. Aquello que se conocía como licencia
exprés se dilató siete meses. Puede no parecer mucho, pero ¿cómo se
alimentan bocas sin ingresos? ¿Cómo se sostienen siete meses pagando gastos de
local, luz, empleados e impuestos?
Todo se salvó con noches en vela y horas de llanto. Un llanto
que empañaba el momento de la ilusión, el deseo de emprender.
Pero ya habíamos invertido demasiado como para dar marcha
atrás.
Todo este tiempo hemos trabajado siguiendo nuestro ideal:
ofrecer a nuestros clientes una formación especializada, completamente diseñada
a medida del usuario y siguiendo un proceso que está siempre en las mismas
manos, para que el cliente sienta quién es su apoyo y su acompañamiento.
La fuente de financiación de nuestros clientes es a través
de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo. Siguiendo los
procesos de bonificación de la formación continua. Sin duda, siempre me ha
parecido una gran idea, financiar la formación de los trabajadores y que un
organismo oficial vele por la calidad y la autenticidad de las formaciones.
Pero la capacidad para velar por esa autenticidad es menor
que la formación impartida cada año. Los sindicatos comenzaron a entrar por los
tejados de los edificios. Algunas empresas privadas se unieron a los asaltos.
Personas que estaban en el poder se sintieron tentadas por el dinero que pasaba
antes sus manos.
Mientras, el resto de los ciudadanos seguíamos paseando por
las aceras, luchando en nuestro día a día e intentando que nuestros proyectos
no perdiesen la ilusión que en su día nos hizo darles forma.
La semana pasada cuatro inspectores de la CAM entraron en la
empresa de formación de una amiga mía para realizar una inspección sorpresa y paralizaron el trabajo de 30 personas
durante una jornada laborar completa.
Esa misma semana se me requirió documentación de 14 acciones
formativas diferentes que ya se habían cerrado con un año de antelación.
Inspeccionar para garantizar es correcto y adecuado.
Primera pregunta: Si yo imparto un curso presencial en
febrero de 2013, por qué se requiere documentación del mismo en febrero del
2014? Si ustedes querían verificar la impartición, deberían haber hecho acto de
presencia durante la misma.
No estoy diciendo que no deba inspeccionarse, lo que estoy
sugiriendo es que la Administración, amparada en los robos indebidos y en su
incapacidad para frenarlos, paraliza la actuación de las empresas honradas que
ya están sufriendo demasiado como para poder estar días enteros sin facturar porque
tienen documentación que justificar.
¿Por qué nunca se nos pregunta a los expertos cómo funcionan
las cosas de las cuáles sabemos? ¿Por qué se legisla para los ladrones? Y,
mucho más importante, ¿por qué creen ustedes que todos los españoles somos
iguales?
No evado impuestos. No tengo trabajadores trabajando más
horas de las que cotizan. No me gasto el dinero disponible para formación en
nada que no corresponda con su uso.
Yo quiero que mi empresa crezca. Quiero dar más empleos.
Quiero emprender nuevos proyectos. Quiero trabajar. Quiero vivir en este país.
Lo peor que he experimentado no ha sido la lucha que me ha
desgastado física y psicológicamente durante años. Tampoco ha sido el miedo. La
mayor de mis desgracias es la sensación actual de que me han robado un sueño.
Mi proyecto es financieramente viable pero económica y
administrativamente insostenible.
Nadie me escucha porque a nadie le importamos los verdaderos
emprendedores. Todo son palabras que lleva el viento y billetes que se quedan
otros.
Ahora temo por el siguiente paso. La FTFE se tiene que
agarrar a sus faldas, porque se han desviado muchos fondos indebidamente. Y, en
lugar de apoyar a esas PYMES que queremos seguir haciéndolo bien, les miramos
por encima del hombro, dudamos de todas sus actuaciones y sacamos un pie por
debajo de la mesa para poner zancadillas a diestro y siniestro.
¿Continúo? ¿Me detengo? ¿Tiro la toalla? ¿Emigro?
Éste es un grito de auxilio. Un grito desesperado para que
la administración se pare a pensar. Para tocar en el cerebro pensante de algún
ente inteligente que aún quede en pie y sepa, de verdad, legislar para
incentivar la economía.
Puedo seguir sin vacaciones, trabajando los fines de semana,
haciendo jornadas de 18 horas. Y todo, por ver, algún día, una empresa sólida.
Mi proyecto funcionando a las mil maravillas. Mi lucha personal, la que hizo
que nunca me tambalease…
¿Hay alguien ahí fuera que esté dispuesto a escuchar?
B.R.
